viernes, 5 de junio de 2009

Te acuerdas

Te acuerdas,
la luz suave de mi habitación
te bañaba,
recortaba justo
tu figura
lo necesario
para verte,
pero que importaba,
lo que no hacían mis ojos
lo hacían mis manos,
que aún recuerdan
las suavidad

de tu cuerpo.

Un día, después de una llamada
me supe sin ti.
La soledad que amenazaba
reemplazó tu cuerpo,
tu risa,
y ese pelo crespo
que tanto me gustaba.
Luego me fui.
Madrid me recibía
con la frialdad de tu ausencia.
En cada esquina
esperaba encontrarte,
sabiendo
que era imposible.

Te acuerdas.
Parece que esa fuera
la única palabra que nos une:
“te acuerdas”.
Ahora busco en vano
la palabra perfecta,
que te haga saber
lo que quiero que sepas.
Pero hoy no encuentro ninguna,
quizás en el próximo poema...

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