domingo, 13 de enero de 2008

Maldita seas entre todas las mujeres

Te maldicen mis zapatos
Mi camino, mis atajos

Te maldicen mi mirada
Y la cruda madrugada

Te maldicen los segundos
Y los días furibundos

Te maldicen las hormigas
En las patas de mis sillas

Te maldicen mi mañana
Y tus pelos en mi almohada

Te maldicen mi espejo
Y las tablas de mi techo

Te maldicen mis caricias
Y mi irónica sonrisa

Y te maldice el universo
Con la rabia de estos versos…

2 comentarios:

Con Tensión dijo...

Si, me maldicen tus palabras.... pero lo que existe dentro de mi alma no consegirá que no nos veamos nuevamente...

Anónimo dijo...

Leí con suma detención tus versos. La poderosa y melancólica desilusión que brota de ellos me retrata una mujer... pero no cualquier mujer... sino una que se fue y te dejó maldito, un poco vivo y un poco muerto. Mi amigo desconocido, las mujeres son como las micros: todas van a alguna parte y siempre destrás de una viene otra... lo importante es que tomes el recorrido correcto y recuerdes que el amor, como las puestas de sol, podrán ser un tanto remilgonas... pero dan sentido a la belleza de las cosas simples de la vida.